Estimado lector, pregúntese: ¿qué pasaría si un extraterrestre aterrizara en el estadio Monumental durante el clásico del Astillero, sabiendo que hay más de mil 50mil personas viendo un juego en el que sólo 22 personas pueden marcar gol? Tal vez se preguntarían si estamos locos.
Un etólogo se dedica a entender la conducta de otras especies, por ello Desmond Morris, en su obra The Soccer Tribe, nos propone asumir el lugar de un extraterrestre que se pregunta ¿por qué los humanos tienen esa obsesión, que no comparten con otra especie, de patear un balón? El gran problema para el extraterrestre sería entender su función, para así comprender la cultura y la naturaleza humana. ¿Por qué lo hacen miles y por qué millones observan?
Desde la perspectiva evolutiva-etológica, jugar futbol es rememorar el ritual de la caza. El futbol integra elementos de la caza primitiva: la presa es el balón y su cacería demanda supremacía física; requiere de estrategia; la cooperación activa de todo el equipo es indispensable; existe peligro, el riesgo de lesiones físicas; la intensidad del juego demanda un alto nivel de concentración, una cabeza fría es necesaria para los momentos de tensión, para no caer en provocaciones que podrían conducir a sanciones; se requiere resistencia y movimientos precisos; el control del balón se perfecciona por el desarrollo de habilidades espaciales y lo impredecible de las acciones exige de imaginación capaz de transformarse en movimientos físicos; se debe tener una excelente vista y la habilidad de apuntar con precisión, en especial en momentos climáticos al dirigirse a la portería; finalmente, debe existir un alto grado de motivación.
Deportes como el arco, los dardos, el boliche, el billar, los bolos, el cricket y el golf se enfocan en el clímax de la caza, el riesgo y la puntería para acertar en la presa (blanco), pero carecen de la fluidez e intensidad necesaria. El básquetbol integra movimientos rápidos y un blanco, pero existe poco riesgo físico y le faltan movimientos bruscos. Los pases y las jugadas del futbol americano son muy violentas y conllevan alto riesgo físico, pero es pausado y minimiza los movimientos libres y espontáneos. Sin duda el mejor paralelo con el ritual de caza es el futbol!
Intervienen emociones como el sentimiento de pertenencia (la necesidad de ser parte de una tribu y compartir la euforia por un gol) o la sensación de que se puede alcanzar la victoria, sí, pero a costa del esfuerzo, de la lucha y de la suerte. El futbol es tan humano que es injusto. “La mano de dios” de Maradona y la de Henry, que calificó a Francia al Mundial 2010, lo atestiguan.
Los aficionados participan con fervor religioso. Millones de personas han sustituido servicios y festividades religiosas por el futbol: atesoran objetos relacionados con este juego como reliquias sagradas, el estadio constituye un altar y los jugadores son idolatrados por sus fans quienes los ven como jóvenes “dioses”. El futbol se aparta de la vida corriente por su lugar y duración; permite escapar hacia una esfera temporal de actividad con tendencia propia. Tras el silbatazo inicial, el campo adquiere un orden propio y absoluto: 17 reglas que dejan en libertad a los jugadores para elegir estrategias y responder con creatividad, talento y fuerza al rival.
La realidad “futbol” abarca el espíritu, la cultura y el instinto de la natura humana, todas son condiciones necesarias para hacer leyes y políticas públicas “inteligentes”: acordes con lo que somos, no con lo que deberíamos ser. Ojalá poner un negocio o pagar impuestos tuviera la sencillez regulatoria del futbol, ojalá nos quedemos con un aprendizaje de la fiebre futbolistica.
SALVEMOS BARCELONA SC.